Apaga la radio compañera
hay tantas cosas para conversar.
No preguntes cuántas veces porsegundo
mueve las ala el colibrí.
Pregunta, por ejemplo,
¿Qué estamos haciendo por Haití?
¿Qué dónde queda, dices?
En un lugar cercado por la noche
en el inmenso cobalto del Caribe.
La noche en este caso
es la miseria, es el hambre,
es la palabra presa.
Es negar el camino a la inteligencia.
Es negar que el obrero es un poeta.
¿Qué cuántos habitantes tiene?
los que le quedan después de tanta masacre.
¿Qué si luchan, además de sobrevivir qué si luchan?
Claro que sí, pequeño amor, claro que sí.
Los patriotas haitianos
andan con luces y colores en las manos
y andan florecidos
como la tierra regada por lloviznas y por cantos.
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Pero han luchado solos, compañera, solos.
Aunque andan florecidos
como andan los hombres cuando andan luchando.
Han luchado solos, compañera,
hasta que nuestra conciencia dispare
en la lucha por liberar a Haití,
hasta que el mundo se alce en una sola voz
luminosa, solidaria
Y entre todos hagamos la mañana
que acabe para siempre
con la noche del jabalí.
Ahora, pongámonos en marcha
que la palabra sin los pasos
es una palabra muerta
Y el tiempo nos dice: AVANZA
Alma profunda en llamas, avanza
Construyamos entre todos la mañana
que acabe para siempre
con la noche del jabalí
con la noche del jabalí.
No permitamos que el futuro nos pregunte
¿Qué hicieron ustedes por Haití?
y respondamos bajando la cabeza:
los hombres que cayeron
son el número exacto
de las veces que en un siglo
mueve las alas el colibrí. |
************************************************** Dios no está lejos cuando el ser humano está cerca Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
El grito de la desesperación haitiana a la luz del Salmo 22 ¡Cómo se hace difícil escribir sobre la tragedia! Sea por respeto al dolor que transborda los sentidos, sea por las sacras memorias de vidas truncadas o por las lágrimas santas que salan el Caribe. Es preferible callar. Pero, en el silencio se escucha el grito de Jesús crucificado (Mt 27,46) absorbiendo los gemidos de la tierra haitiana. Y la misma pregunta susurra en el lamento: ¿por qué nos abandonaste? (v.2). El cuestionamiento se gesta en la desolación. Cuando experimentan a Dios lejos de las súplicas y de los rugidos (v.2), cuando le hablan y no responde, cuando le imploran y no atiende (v.3). Gestan la pregunta en el desespero, en la tribulación (v.12), en el momento en que sus huesos se dislocan y su existencia se derrama, cuando sus corazones se derriten (v.15) y sus gargantas se secan como una teja, sintiéndose reducidos/as al polvo (v.16). Es aquí donde testimonian la aparente destitución de su condición humana reduciéndose a la categoría de gusano (v.7). Haití vive la oscuridad entre las horas sexta y nona (Mt 27,45); con sus manos y sus pies atrapados (v.17) y enterrados, tragando la muerte amarga y prematura. ¿Qué gente es esa? Empobrecidos/as sin desgracias repetidas (v.25), alucinando comida y agua (v.27). ¿Qué gente es esa? Todavía en el fondo de la cueva, y con la piel pegada a los huesos confían: Mas tú, Dios, no estés lejos, corre en nuestra ayuda, ¡Oh fuerza nuestra! (v.20). ¿Qué gente es esa? Aunque rastreándose sobre y bajo el polvo profesan la dignidad que le distingue (v.11). Y su Palabra dice: ¿Soy un Dios sólo de cerca.. y no soy Dios de lejos? (Jr 23,23). Él está en todo lugar y, por las dudas, se revela en Haití vistiendo rostros universales. ¡El mundo despierta! Especialmente tú, América Latina, y vemos los hambrientos/as compartiendo su pan y sus dones, venciendo prejuicios baratos para rescatar la dignidad humana: Dios no está lejos cuando el ser humano está cerca. Con razón el Salmo dice: Los pobres comerán y quedarán hartos, los que buscan a Dios le alabarán (v.27). Porque Él no ha despreciado ni ha desdeñado la angustia de los/as pobres, no les ha ocultado su rostro y cuando le invocan les escucha (v.25). El terremoto en Haití no es causalidad de la vida. Nunca antes esta generación sitió la muerte como sombra del cuerpo. Si en el Sl 21 los generadores del sufrimiento son perros innumerables o los malvados bandoleros (v.17), en este contexto lo serían las emisiones de gases estufa que disminuye la salud de la tierra. Todos/as somos responsables. Principalmente G8: Estados Unidos, Rusia, Alemania, Japón, Francia, Canadá, Gran Bretaña e Italia. Hacen tentativa para modificar la superficie terrestre, pero los intereses económicos dominan, “el acuerdo es insuficiente. Se necesita tiempo para negociar”. Dios no hará nuestra tarea y es una pena que la cuerda rompe por el lado flaco. Ángela Cabrera
Misionera Dominica |