|
|
| Presencia
misionera en América |
1. Realidades
que nos interpelan
América Latina, un continente multiétnico
y pluricultural. En él conviven pueblos indígenas,
afroamericanos, mestizos y descendientes de europeos
y asiáticos. Un conjunto de pueblos que a pesar
de las injusticias, la violencia y el ahogamiento
que les impone el sistema de globalización
neoliberal, sigue con resistencia y esperanza su lucha
por un cambio de las estructuras injustas. En medio
de la situación de pobreza de la gran mayoría
del continente, América Latina mantiene vivos
sus valores característicos: su capacidad de
acogida y de compartir con sencillez; la solidaridad
y cercanía al otro, sobre todo en los momentos
de dolor; su espíritu festivo y de buen humor;
el respeto a la madre tierra; la religiosidad popular;
la capacidad organizativa, sobre todo de las mujeres
y los campesinos.
Pero los países de América Latina siguen
siendo vistos por los señores del mundo simplemente
como materia prima a explotar, mano de obra barata,
lugar adecuado para la inversión transnacional,
pueblos productores de migrantes, “patio trasero”
del imperio, basurero donde se depositan los desperdicios
de los consumidores del Norte. La pobreza en que viven
170 millones de latinoamericanos adopta rostros muy
concretos: campesinos y obreros con salarios de hambre
y que se ven obligados a migrar a las grandes ciudades
o a otros países; niños desnutridos
y sin posibilidad de ser curados de sus enfermedades;
15 millones de niños y niñas que sobreviven
trabajando en las calles; familias sin una vivienda
digna, con problemas de abastecimiento de agua y sin
recursos para educar a sus hijos e hijas; ancianos
marginados de la sociedad; hombres y mujeres heridos,
víctimas de los conflictos armados que les
han despojado de sus seres queridos y de sus tierras;
pueblos que arrastran la pesada e injusta carga de
la deuda externa; el rostro expoliado de la tierra
como consecuencia de la codicia y la explotación
desmedida de los recursos naturales.
|
|
La
pobreza sigue creciendo en los pueblos de América
Latina. Lo que antes era una brecha, hoy se ha convertido
en un abismo entre ricos y pobres. Comprobamos un evidente
deterioro de la calidad de vida de la población,
salarios inferiores al mínimo establecido, falta
de empleo digno y estable, carestía de los servicios
mínimos, injusticia social en las relaciones
laborales, corrupción política que atraviesa
todos los niveles. Toda esta realidad está desencadenando
un crecimiento de la violencia y un clima de inseguridad
en los espacios públicos que afecta a todos los
sectores de la población.
2. Nuestras opciones o
líneas de trabajo
Ante los desafíos que nos presenta la realidad
latinoamericana, como Misioneras Dominicas nacidas en
este continente, nos sentimos llamada a revitalizar
y hacer realidad la rica tradición teológica
y eclesial, sintetizada en la opción por los
pobres y la teología de la liberación
que surgió y a la vez dio fuerza a la irrupción
de las comunidades de base, los movimientos cooperativistas
y distintas formas de organizaciones comunitarias que
desde su fe en Jesucristo liberador hicieron suyo el
compromiso por una transformación de las condiciones
de vida de los más pobres del continente. |
|
 |
Animadas
por esta rica a la vez que interpelante herencia de
la Iglesia latinoamericana y de nuestros Fundadores,
desde una espiritualidad de la encarnación buscamos
insertarnos entre los más pobres, compartiendo
sus riesgos e inseguridades, alegrías y esperanzas,
buscando una forma alternativa de vida en medio de una
realidad de pobreza y exclusión. Desde la coyuntura
socio-política y desde el mismo momento eclesial
que vivimos en América Latina, estamos siendo
desafiadas a retomar la radicalidad y el espíritu
de los orígenes: ubicarnos en nuevos lugares,
desde un espíritu itinerante estar dispuestas
a movernos a donde se mueven los pobres, renovar nuestra
vida y misión, buscando otros estilos de ser
Misioneras Dominicas más sencillas, más
cercanas al pueblo y más emprendedoras de nuevos
caminos.
En medio de un sistema socio-político
y económico que fomenta el individualismo y debilita
nuestra dimensión comunitaria y la capacidad
organizativa, como Misioneras Dominicas nos sentimos
comprometidas a apoyar y a animar, desde nuestra propia
vida comunitaria, la búsqueda de salidas colectivas
a los problemas, la vivencia comunitaria de la fe y
el fortalecimiento de organizaciones y grupos que luchen
por los derechos de los débiles. América
Latina tiene una larga tradición de fe vivida
en pequeñas comunidades eclesiales de base y
de reflexión de los acontecimientos de la vida
a la luz de la palabra de Dios que nos sentimos llamadas
a revitalizar en cada uno de los lugares donde estamos. |
|
 |
Ante
la creciente deshumanización, la violencia y
las distintas formas de negación de la vida y
de los derechos elementales del ser humano, desde nuestras
presencias y nuestros trabajos sencillos y discretos
dentro del pueblo, intentamos potenciar una cultura
de la vida y crear espacios de humanización,
empezando a vivirla desde nuestras propias comunidades.
Nuestra fe en el Dios de la vida nos empuja cada día
a practicar la profecía desde la que denunciamos
los signos de muerte y anunciamos una vida como la que
Dios quiere para sus hijos e hijas. |
|
| En
esta espiritualidad de la vida que nos anima, encontramos
fuerza, confrontación e inspiración en el
camino de tantos mártires de América Latina
que han regado esta tierra con su sangre, recordándonos
que el conflicto y el martirio es para te constitutiva
de todo compromiso serio con la causa de los empobrecidos.
A la vez que en los últimos años en nuestro
continente se ha dado un despertar de los nuevos sujetos
que antes eran ignorados y marginados, también
se da un choque con el sistema de globalización
neoliberal que intenta homogeneizar las culturas a través
de la imposición del mismo patrón consumista.
A través de las distintas formas que adopta nuestro
compromiso evangelizador, queremos animar la convivencia
intercultural y el fortalecimiento de las raíces
más auténticas de cada cultura. Nuestro
compromiso misionero busca hacerse desde una perspectiva
inculturada, ayudando a contrarrestar el deterioro de
los valores más auténticos de las culturas
latinoamericanas y fortaleciendo las identidades tradicionalmente
negadas o marginadas: indígenas, negros, mujeres,
etc., a la vez que reconociendo que hoy más que
nunca, en tiempos de globalización, somos desafiadas
desde el mismo evangelio y desde los mismos aires de
nuestro tiempo a ser más abiertas, más
interculturales, a quitar fronteras de cualquier tipo
y a dar testimonio del carácter universal del
Reino de Dios.
3. Comunidades de la Congregación
en América
• Provincia
San José
-República Dominicana: 9 comunidades
-Guatemala: 5 comunidades
-Puerto Rico: 4 comunidades
-Nicaragua: una comunidad
-México: dos comunidades
• Provincia
Santa Rosa
-Perú: 10 comunidades
• Provincia Santo
Tomás
-Perú: 15 comunidades
• Provincia Nuestra
Señora del Carmen
-Chile: 5 comunidades
-Bolivia: 4 comunidades
• Provincia Ascensión
Nicol
-Ecuador: 6 comunidades
|
|
|
|
|
|