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| Presencia
misionera en Asia-Pacífico |
1. Realidades que
nos interpelan
Asia, un continente inmenso, rico en culturas y grandes
religiones milenarias. Es el mayor de los continentes
y el más poblado de la tierra, albergando casi
a dos terceras partes de la población mundial.
Pueblos con un profundo espíritu religioso
y contemplativo, amor al silencio y a la armonía,
espíritu de trabajo y disciplina, un sentido
de respeto y de cuidado de la vida en todas sus formas
que se manifiesta en la compasión hacia todo
ser viviente.
La realidad de Asia se caracteriza también
por estar constituida por muchos pobres y muchas religiones.
A través de las distintas religiones, Asia
ha buscado de distintas formas, el camino hacia la
armonía y hacia la paz. Un continente que ha
sido la cuna de las grandes religiones de la humanidad
y que, sin embargo, hoy está marcado por guerras
que tienen un fuerte componente religioso, además
del político-económico.
El panorama político de Asia también
se presenta bajo el signo de la pluralidad y la complejidad
ideológica. A la par que el progreso va alcanzando
niveles más elevados y la revolución
tecnológica y las comunicaciones modernas invaden
todos los rincones de las sociedades asiáticas,
la corrupción y la injusticia se mezclan en
todos los niveles de las instituciones gubernamentales.
A menudo la sociedad se siente indefensa contra la
corrupción y los abusos de quienes detentan
el poder.
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A
nivel de la sociedad hay una creciente demanda
de una mayor participación política,
en la vida económica de los pueblos y una
mayor justicia social. También ha crecido
el nivel de conciencia respecto al derecho a la
educación y la participación de
la mujer. Los pueblos asiáticos están
tomando cada vez mayor conciencia de su dignidad
humana, de sus derechos y una mayor determinación
a defenderlos. Los grupos étnicos, antes
olvidados y abandonados, hoy buscan denodadamente
modos de convertirse en agentes de su propio progreso.
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Los gritos
de Asia hoy son los gritos de los más pobres
y abandonados, víctimas del hambre y la desnutrición,
la falta de atención sanitaria y la falta de
acceso a la educación. Es el grito de los campesinos
olvidados y envueltos en la miseria. Es el grito de
niñas y niños esclavizados y explotados
en las fábricas y en las redes de tráfico
de menores que se dedican a la prostitución.
Es el grito de las víctimas de las guerras y
de la misma vulnerabilidad ecológica que produce
tantas víctimas en los desastres naturales: terremotos,
tifones, inundaciones y recientemente la gran tragedia
provocada por el tsunami.
2. Nuestras pciones o
líneas de trabajo
En medio de unos pueblos caracterizados por el sentido
de gratuidad de la vida, como Misioneras Dominicas,
asumimos la defensa de la vida a todo nivel, recogiendo
la mística de las culturas en las que toda la
vida es sagrada, por lo que nos comprometemos en los
movimientos ecológicos, de derechos humanos,
de justicia y paz, y en organizaciones nacionales e
internacionales que con este fin existen en los países
donde estamos insertas.
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En
medio de una realidad caracterizada por una pluralidad
religiosa, tenemos el desafío de acoger y trabajar
con nuestros hermanos de otras religiones, respondiendo
a los anhelos de paz de todos los asiáticos y
fortaleciendo la búsqueda del diálogo
interreligioso desde la convivencia cotidiana.
Frente al fuerte sentido de los vínculos
comunitarios y la profundidad con que se experimenta
el Misterio en la vida cotidiana, el sentido de la inseparabilidad
corpóreo-espiritual, del silencio y de la contemplación,
como parte de nuestra inculturación, procuramos
integraremos la riqueza simbólica religiosa de
los pueblos donde estamos. También, buscamos
profundizar y vivir la armonía entre el pensar,
el sentir y el actuar, de manera que este equilibrio
nos haga personas integradas y disponibles para el servicio
a los demás. Desde nuestra contemplación,
como Misioneras Dominicas situadas en el contexto de
los pueblos y culturas de Asia, procuramos desarrollar
sentimientos de aprecio por la belleza, la bondad y
la verdad, contemplando el rostro de Dios presente en
los más pobres, en la naturaleza y en el silencio.
Ante las situaciones cambiantes dentro
de nuestros pueblos y la agudización de las situaciones
de pobreza, estamos atentas a descubrir las nuevas situaciones
de pobreza que se dan a nuestro alrededor, a fin de
comprometernos con las nuevas situaciones de pobreza
y marginación, como migrantes, víctimas
de los conflictos y los desastres, niños de la
calle.
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| Como retos
a nuestra misión en los pueblos de Asia-Pacífico
siguen estando: el compromiso por la justicia y
la paz y la defensa de la integridad de la creación;
asumir y cultivar el camino del pluralismo en una
realidad fuertemente marcada por la diversidad de
religiones y culturas; el desafío que nos
presenta la realidad de los migrantes, los niños
de la calle y la promoción de la mujer; el
trabajo por la reconciliación y la paz, contribuyendo
a una mayor tolerancia y espíritu fraterno
entre los grupos pertenecientes a distintas religiones. |
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3.
Comunidades de la congregación en Asia-Pacífico
• Provincia Reina
de China:
- Taiwán: cuatro comunidades
- Macao: dos comunidades
- China Continental: una comunidad
• Provincia Santa
María de la India:
- India: 15 comunidades
• Provincia San
Luis Beltrán:
- Filipinas: 11 comunidades
- Australia: 1 comunidad
- Timor: 5 comunidades
- Indonesia: 1 comunidad
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