Presencia misionera en Europa

1. Realidades que nos interpelan

Europa, un continente con una larga historia y con un cristianismo de raíces muy hondas, que ha aportado grandes misioneros y misioneras a la evangelización de otros continentes, pero actualmente en una situación de cierta indiferencia religiosa y de culto a las religiones del mercado y a los neopaganismos. Hoy día la característica más destacada es que Europa se encuentra en un proceso de fuertes y acelerados cambios, todos ellos dados por su misma organización como Unión Europea. Pero también la presencia de nuevos rostros, con la presencia de migrantes, expulsados de sus tierras y necesitados para los servicios en una Europa cuya población es la más vieja del planeta.

Estas dos coyunturas interpelan nuestra presencia en Europa y la de toda la vida religiosa que como los profetas de la Biblia están atentos a los signos y a los acontecimientos socio-políticos y económicos para denunciar todo aquello que se opone al bien de las mayorías pobres. La pregunta que se nos hace desde la conformación de la Unión Europea es: ¿Cómo cooperar para que la Unión Europea no sea un conjunto de países afianzados en la economía neoliberal, que se defienden a sí mismos, se protegen de los migrantes y olvidan su deber ético de ante las situaciones de sufrimiento en los países más pobres del mundo?
 

En medio de todos los adelantos y de su búsqueda de nuevos caminos para afianzarse como Unión Europea, hay que decir que Europa está atravesando una situación de crisis que afecta todas las áreas de la vida. Nos encontramos con una gran pasividad frente a los problemas, una crisis de sentido de la vida y de valores éticos, una gran mayoría que trabaja como una máquina para luego dar riendas sueltas al consumismo. Europa, y sobre todo España y Portugal, que son los países donde nuestra Congregación está presente, también tienen sus propias pobrezas que intenta mantener como un rostro oculto. En Portugal, casi un cinco por ciento de los portugueses viven en la pobreza y en España hay ocho millones de españoles que viven en la pobreza.
Los países de la Península Ibérica también están afectados por las problemáticas que se dan en otros contextos. Así, por ejemplo, sigue siendo muy alto el índice de precariedad laboral y el desempleo que afecta sobre todo a la población más joven y a las mujeres. Ante la toma de conciencia de las mujeres y su organización para defender sus derechos, está también creciendo la reacción a este despertar, manifestándose en la violencia y las agresiones de distintas formas.

2. Nuestras opciones o líneas de trabajo

Ante quienes sueñan con una Europa fuerte en cuanto al capital y a las armas y ven la presencia de los migrantes como una amenaza, creer y defender desde pequeños gestos cotidianos y desde nuestros grupos de trabajo, no sólo que “otra Europa” es posible, sino más aún, que es de urgente necesidad. El desafío que se nos plantea a nosotras ante los cambios que estamos viviendo en Europa van en la línea de cómo apoyar para que desde Europa podamos acordarnos y seguir optando por los pobres, en una situación en que la situación para los países del Tercer Mundo se ha hecho tan dramática que ya no tenemos que ir allá para ver a los pobres, pues ellos están aquí luchando por no dejarse morir ni dejar morir a sus familias.

 
Desde nuestras comunidades en Europa nos sentimos llamadas a vivir la solidaridad como un modo de ser y de estar en este mundo. Una solidaridad que no es que no es ayuda, sino que quiere ir en la línea de luchar por relaciones de justicia para con los pueblos pobres. Una solidaridad que significa estar abiertas a dar y a recibir, reconociendo que si en Europa vivimos en un Estado de Bienestar, también hemos de reconocer nuestra pobreza, pues nos vamos empobreciendo a nivel de más humanidad y de muchos otros valores que la presencia de otros pueblos y culturas hoy nos están recordando.
La presencia de distintos grupos migrantes tenemos que verlos como una riqueza que pone a prueba nuestra capacidad de acogida al que es diferente a nivel de sus raíces culturales, su experiencia religiosa, sus tradiciones, su grupo étnico. Nuestra opción por los pobres nos está llevando a practicar la acogida a los migrantes, abriéndonos a la diversidad, compartiendo con ellos idioma, amistad, valores, alimento y sobre todo acompañándoles en la soledad y las dificultades domésticas y laborales con ellos se encuentran en tierra extraña.

Desde la tarea educativa desarrollada en nuestros colegios queremos animar la vivencia de los valores del Reino, educando el sentido de acogida y tolerancia hacia los otros, formando para la convivencia intercultural y para la solidaridad con los sufren a causa de las injusticias y las desigualdades.

Nuestra presencia en Europa ha ido abriéndose paso poco a poco a nuevas formas de testimonio y compromiso evangélico en la sociedad a través del trabajo con colectivos marginados, ya sean éstos europeos o procedentes de otros continentes. En el marco la opción por los más pobres y los que viven en situaciones de riesgos en los países de Europa donde estamos, están nuestros trabajos con emigrantes, toxicómanos, infancia desprotegida, personas en soledad..., integrándonos en organizaciones y movimientos de acción en estos campos.

Nuestra presencia en las actuales circunstancias de Europa y tomando en cuenta nuestra propia situación congregacional en los dos países donde estamos, busca ser testimonio de una vida con sentido y esperanza, confiadas de que es posible que del viejo árbol de la Europa cristiana, resurja el retoño de un cristianismo renovado, profético, inculturado, claramente al lado de los pobres y abierto a buscar la fraternidad y la justicia para todos los pueblos.

3. Comunidades de la congregación en Europa

• Vicaría General
-España: siete comunidades

• Provincia de Santo Domingo
-España: diez comunidades

• Provincia Santa Catalina de Siena
- Portugal: seis comunidades

 
 
   
 
Una Congregación misionera inserta en el corazón de los pueblos,
solidaria con los que sufren pobreza y exclusión.
 
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